Los 'ratas', chinos que viven bajo tierra(de eltiempo.com)
Millones de chinos viven en pasillos subterráneos, refugios aéreos o nucleares, excavados en las entrañas de las grandes ciudades. Fueron construidos para proteger a la población civil en caso de guerra, pero han acabado transformándose en auténticos barrios enterrados, donde habitan quienes no se pueden permitir el lujo de existir en la superficie.
A sus moradores se les conoce como "ratas" y su silencioso trajín tiende a pasar desapercibido para quienes hacen sus vidas por encima.
Las "ratas" no están ahí por gusto. En lugares como Pekín, Cantón o Shanghái, los precios de la vivienda se han hecho inalcanzables para los emigrantes llegados del campo, así como para la mayoría de los jóvenes que acaban de conseguir su primer empleo, incluso si tienen un título universitario.
La persona que venimos a visitar, el albañil Wei Han, llegó hace poco más de un año de la provincia de Henan y comparte una habitación de unos ocho metros cuadrados con tres compañeros. "Me paso el día trabajando y vengo a dormir. ¿Para qué quiero más espacio? Además, si hay una guerra yo no tengo que preocuparme", bromea.
Sus compañeros de habitación ríen la ocurrencia, mientras devoran una cena a base de arroz y col; y se preparan para echarse a dormir sobre literas montadas con unos tablones y unas viejas mantas. Por la estrechez de los pasillos van pidiendo paso obreros, peluqueras, camareros, e incluso alguna familia con niños.
La principal ventaja de vivir bajo tierra es, por supuesto, el precio: entre los cuatro albañiles pagan algo más de 500 yuanes (80 dólares). "En la obra gano 800 yuanes (125 dólares) al mes, y me dan tres comidas al día. Lo que me interesa ahora es ahorrar para mi familia, no vivir en mansiones", explica, impaciente por meterse en la cama, un compañero de Gao que no permite que tomemos fotografías.
De la noche a la mañana, el Partido Comunista ordenó excavar el verano de 1969 miles de nuevos túneles por todo el país, temiendo un inminente ataque nuclear de la Unión Soviética. En algunas ciudades se trabajó incluso con las manos desnudas y en turnos inhumanos, abriendo galerías insalubres y pobremente apuntaladas, muchas de las cuales ya se han venido abajo.
Una década después, el miedo se convirtió en rutina burocrática y Pekín ordenó que cada edificio de la capital dispondría de su propio subsuelo a prueba de bombas. Hoy, debajo de la capital china hay suficiente espacio para alojar a toda la población de Dinamarca.
Algunos de estos "búnkeres" forman parte de los catálogos de las agencias inmobiliarias. Y lo cierto es que muchas "ratoneras" están perfectamente amuebladas, disponen de cámaras de vigilancia, conexión a Internet "wifi", e incluso lavadoras y un tendedero comunitario.
En una de las más modernas, (foto superior) habitada mayoritariamente por jóvenes licenciados, vive Wu Yunbo, un diseñador publicitario de 24 años que lo intentó todo para evitar acabar bajo tierra. "Estuve en un piso en las afueras. Éramos decenas de personas en cada habitación, sin ventanas. En verano, el calor se hacía insoportable. Aquí estoy mejor y vivo sólo, incluso se puede quedar mi novia a dormir. Es húmedo, pero estoy ahorrando para comprar un deshumidificador. Pago 450 yuanes (70 dólares) al mes, que es cuatro veces menos de lo que cuesta una habitación en la superficie", explica.
Indudablemente vivir en esas condiciones tiene ventajas, no solamente de tipo económico, sino el irse acostumbrando para cuando llegue el momento de "dejar de fumar". No tendrán miedo de ser enterrados ni sufrirán ningún problema de claustrofobia, por la práctica realizada.
Me parece un procedimiento mucho más interesante que las famosas "soluciones habitacionales" de la recordada menestra.