El pasado viernes me permití someter a vuestra consideración un problema que me tenía confuso. Vuestra participación ha sido espectacular, aunque esperada, conociendo la sapiencia de los colaboradores de este Blog. Los aparatos que allí se mostraban eran, en efecto, suministros de última generación para retretes, como la mayoría descubrió fácilmente. Sin embargo, como me sucedió a mí mismo, pocos sospechaban que tenían algunas funciones (claramente descritas en perfecto japonés) que representan el espíritu de limpieza imperante en el país del sol naciente. Por ejemplo:
--Un botón que simula el ruido de la cisterna, al descargarse y que suelen utilizar las señoras para disimular el sonido que hace su pis al caer.
--Otro botón que calienta el asiento para mayor comodidad al sentarse en el retrete.
..Uno más que dispara un aspersor de agua templada para limpiar debidamente el canal de evacuación sin necesidad de acudir al invento de Monsieur Bidet.
Mi hija viene asombrada de la exquisita limpieza que impera en todos los lugares; calles donde no se ve una colilla ni un simple papelito ni, por supuesto, una guarrería de graffiti de ésos, habitaciones de hotel impecables y, sobre todo, la educación de que hacen gala esas gentes. Una cultura que no parece de este planeta.
Aquí aparece ante uno de esos preciosos cerezos en flor típicos de Japón:
Ya había leído algo sobre el desprecio de los japoneses hacia otros orientales, chinos y coreanos mayormente, a los que consideran unos guarros, sentimiento que hacen extensivo a los europeos (véase la obra de James Clavell "Shogun").
Por cierto, el regalo que me trajo fue una pipa.













